del 2010. Pinamar, Republica Argentina

 

UNA ESPECIE ORIGINARIA EN EXTINCIÓN 

Investigadores revelan que está en peligro la lagartija de las dunas

 

La reducción de los médanos en las playas, provocada por la acción humana, amenaza también a toda la flora y la fauna de la zona costera.

 La expansión de las ciudades, la incontrolable extracción de arena, la ampliación del uso de cuatriciclos, la plantación de especies exóticas, como pinos y acacias, entre otros factores, han provocado en los últimos años la reducción de las dunas de la costa bonaerense en un 30%. Esta situación pone en peligro la flora y la fauna originales del lugar. Amenazada de la misma manera que la almeja amarilla y otras tantas especies de nuestras playas, la lagartija de las dunas reclama atención. Investigadores de la ciudad de La Plata determinaron que es necesario y urgente proteger a la lagartija de las dunas, animal originario del lugar.         

Jorge Williams, profesor titular de Herpetología de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y Federico Kacoliris, investigador del Conicet, difundieron los resultados de sus trabajos en las comunidades de la costa bonaerense para concientizar a autoridades y vecinos sobre la necesidad de preservar los médanos y su entorno. 

“La lagartija es una especie endémica de las dunas costeras pampeanas argentinas y, por su distribución, sólo se las puede encontrar en la costa de Buenos Aires y en una porción de la rionegrina. Es, también, uno de los representantes más carismáticos y por eso más fácilmente identificables de la fauna de los arenales, hoy amenazados”. Los profesionales dan un dato preocupante: “Sólo en los últimos años se perdieron en la provincia más de 30.000 hectáreas de dunas por el avance de la construcción, la extracción de arena, la proliferación de especies exóticas y el uso de cuatriciclos”. 

La incesante desaparición de esta especie brinda a los profesionales información de suma importancia: se está perdiendo la conexión de unas con otras, es decir, hay una pérdida de la variabilidad genética. “En la costa hay reservas, como la de Mar Chiquita, donde la especie puede hacerse más resistente pero el peligro es que las comunidades que allí residen se transformen en islas desconectadas de otras y, a partir de eso, cada vez más vulnerables”, dijo Williams. La lagartija es parte esencial del ecosistema de los arenales. Ella se alimenta de insectos y es alimento de aves, culebras y pequeños mamíferos. 

El trabajo de investigación comenzó hace quince años. Desde niño, Williams iba de vacaciones a Santa Teresita. Con los años, el profesional notó que ya no veía los reptiles con tanta frecuencia. Willliams, Kacoliris y un grupo de voluntarios de la facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP estudiaron la situación para medir la densidad poblacional de las comunidades de lagartijas de las dunas, investigar particularidades de su hábitat e indagar en su comportamiento. 

Las investigaciones fueron realizadas en Punta Médanos, Reserva Municipal Faro Querandí hasta la Reserva Mar Chiquita inclusive, San Cayetano y General Dorrego; en la localidad de Mar del Sur, Marisol y en las dunas entre Necochea y Pehuén-Có. Los profesionales accedieron a las características de los movimientos de las lagartijas. Por ejemplo, el hábito de hundirse en la arena y nadar en ella ante la presencia de un depredador o pasar la noche escondido en la arena. 

El avance de la “civilización” provoco cambios en los hábitos reproductivos de la especie: “Ante una mortalidad mayor de individuos, incorporan la estrategia de poner huevos dos veces al año y hasta siete huevos en cada ocasión”, explicó Kacoliris. Sin embargo, la ubicación de los nidos es altamente vulnerable ante los hábitos de un intruso: el hombre. Apenas a 30 centímetros de la superficie, los nidos no resisten el paso de los cuatriciclos. La circulación de vehículos provoca la compactación de la arena, impidiendo el enterramiento de los ejemplares.

“Se trata de una especie sin valor económico y es por eso que cuesta crear conciencia de la necesidad de cuidarla. Lo importante es saber que, como la de las lagartijas, la vida de muchas especies animales y vegetales está ligada a la preservación de las dunas. Y ese es el punto sobre el que nos interesa crear conciencia”, enfatizan los investigadores. 

Quienes trabajan en la defensa de esta especie consideran  necesario declararla monumento natural, a fin de implementar medidas para su protección de manera conjunta entre la Provincia y los municipios. Su conservación apunta a cuidar los hábitat costeros en general, con toda la flora y la fauna nativas unidas a ella.

 

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