|
La reducción de los médanos en las
playas, provocada por la acción humana, amenaza también
a toda la flora y la fauna de la zona costera.
La expansión de las ciudades, la
incontrolable extracción de arena, la ampliación del uso
de cuatriciclos, la plantación de especies exóticas,
como pinos y acacias, entre otros factores, han
provocado en los últimos años la reducción de las dunas
de la costa bonaerense en un 30%. Esta situación pone en
peligro la flora y la fauna originales del lugar.
Amenazada de la misma manera que la almeja amarilla y
otras tantas especies de nuestras playas, la lagartija
de las dunas reclama atención. Investigadores de la
ciudad de La Plata determinaron que es necesario y
urgente proteger a la lagartija de las dunas, animal
originario del lugar.
Jorge Williams, profesor titular de
Herpetología de la Facultad de Ciencias Naturales y
Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), y
Federico Kacoliris, investigador del Conicet,
difundieron los resultados de sus trabajos en las
comunidades de la costa bonaerense para concientizar a
autoridades y vecinos sobre la necesidad de preservar
los médanos y su entorno.
“La lagartija es una especie
endémica de las dunas costeras pampeanas argentinas y,
por su distribución, sólo se las puede encontrar en la
costa de Buenos Aires y en una porción de la rionegrina.
Es, también, uno de los representantes más carismáticos
y por eso más fácilmente identificables de la fauna de
los arenales, hoy amenazados”. Los profesionales dan un
dato preocupante: “Sólo en los últimos años se perdieron
en la provincia más de 30.000 hectáreas de dunas por el
avance de la construcción, la extracción de arena, la
proliferación de especies exóticas y el uso de
cuatriciclos”.
La incesante desaparición de esta
especie brinda a los profesionales información de suma
importancia: se está perdiendo la conexión de unas con
otras, es decir, hay una pérdida de la variabilidad
genética. “En la costa hay reservas, como la de Mar
Chiquita, donde la especie puede hacerse más resistente
pero el peligro es que las comunidades que allí residen
se transformen en islas desconectadas de otras y, a
partir de eso, cada vez más vulnerables”, dijo Williams.
La lagartija es parte esencial del ecosistema de los
arenales. Ella se alimenta de insectos y es alimento de
aves, culebras y pequeños mamíferos.
El trabajo de investigación comenzó
hace quince años. Desde niño, Williams iba de vacaciones
a Santa Teresita. Con los años, el profesional notó que
ya no veía los reptiles con tanta frecuencia. Willliams,
Kacoliris y un grupo de voluntarios de la facultad de
Ciencias Naturales y Museo de la UNLP estudiaron la
situación para medir la densidad poblacional de las
comunidades de lagartijas de las dunas, investigar
particularidades de su hábitat e indagar en su
comportamiento.
Las investigaciones fueron
realizadas en Punta Médanos, Reserva Municipal Faro
Querandí hasta la Reserva Mar Chiquita inclusive, San
Cayetano y General Dorrego; en la localidad de Mar del
Sur, Marisol y en las dunas entre Necochea y Pehuén-Có.
Los profesionales accedieron a las características de
los movimientos de las lagartijas. Por ejemplo, el
hábito de hundirse en la arena y nadar en ella ante la
presencia de un depredador o pasar la noche escondido en
la arena.
El avance de la “civilización”
provoco cambios en los hábitos reproductivos de la
especie: “Ante una mortalidad mayor de individuos,
incorporan la estrategia de poner huevos dos veces al
año y hasta siete huevos en cada ocasión”, explicó
Kacoliris. Sin embargo, la ubicación de los nidos es
altamente vulnerable ante los hábitos de un intruso: el
hombre. Apenas a 30 centímetros de la superficie, los
nidos no resisten el paso de los cuatriciclos. La
circulación de vehículos provoca la compactación de la
arena, impidiendo el enterramiento de los ejemplares.
“Se trata de una especie sin valor
económico y es por eso que cuesta crear conciencia de la
necesidad de cuidarla. Lo importante es saber que, como
la de las lagartijas, la vida de muchas especies
animales y vegetales está ligada a la preservación de
las dunas. Y ese es el punto sobre el que nos interesa
crear conciencia”, enfatizan los investigadores.
Quienes trabajan en la defensa de
esta especie consideran necesario declararla monumento
natural, a fin de implementar medidas para su protección
de manera conjunta entre la Provincia y los municipios.
Su conservación apunta a cuidar los hábitat costeros en
general, con toda la flora y la fauna nativas unidas a
ella. |